divendres, 10 de maig de 2013

Que vivan los idiotas que nos hacen reír.


Tengo que contarte una cosa. El otro día me acordé de que yo hice lo mismo que tú. Le odié durante un tiempo pero si le miraba a los ojos, me comportaba como si no hubiera pasado nada, le quería y eso no lo puede evitar nadie. Le trataba como a un amigo de toda la vida, con los que puedes contar para cualquier cosa. Yo también. Yo también contaba cuentos a la gente y lee hablaba de lo mucho que le odiaba. Yo también. Pero yo también guardaba en un rinconcito una pizca de esperanza que me llevara de vuelta con él. Y si se acababa la esperanza, yo decía que le odiaba. Pero yo no cometi el error de atentar al amor y no mirar de frente bien alto, de ponerme guapa y salir a la calle, a pasármelo bien, a gritar como una loca y a reirme por tonterías. Hazlo bien ahora que puedes. Vístete y sal a la calle, ponte los tacones más altos que tengas y sonriele al espejo. Ponte demasiado maquillaje y el escote que nunca te pondrías. Vive.

divendres, 3 de maig de 2013

Una mujer con una misión, no necesita ningún permiso.

¿Recuerdas que apenas era reflexiva? Pues todo pasa. Me siento cansada y confundida, harta de la más mínima tontería y de todos los succesos. Me pasaría toda la mañana viviendo del cuento en el que me gustaría vivir. Podría sentir que semejante cabello recorre mi mejilla al despertar mientras duermo bellamente y no tomo uso de razón. Me encantas, y por sólo encantarme obtienes gran importancia en mi, y un hueco pequeño que tu debes hacer grande. Tú, segunda persona del singular en la que nunca había creido. Me levanto con la senzilla brisa del sol que entra en mi ventana y apago el día con la luna que me abraza, ella también sabe que lo paso mínimamente bien. Viernes, las luces se apagan y mis grandes facciones se activan con la llegada de la corta libertad. El cansancio me llama, y aunque quiera resistir a la pura frialdad del sustantivo, cedo. Tropiezo con hechos minimalistas y retrocedo a la gran velocidad de tres mil pasos a la vez cuando me encuentro con tu presencia. Eres asombroso hombre. Eres la causa de los estados tan increibles que padezco, y me enseñan que decisiones tomar. Grarantizas protuberantes pasiones. Solo a mí, y ¿porqué?. Solo llegarás al final de estas terribles palabras si sientes que es tan grande la sensación como el tiempo en el que se desvaneció.